miércoles, abril 14, 2010

El árbol de la ciencia II

-“¿Árbol de la Ciencia? Otro término bíblico, y con tu nick deben ser tres, porque
Najash significa serpiente en hebreo ¿no?”
-“Muy eficiente, aprecio mucho su velocidad y la de sus compañeros que le
proporcionan toda la información que puedan obtener sobre mí.”
-“Gracias por el cumplido, pero centrémonos en lo que has venido a contarnos,
¿vale?”
-“Está bien. Empecemos por el principio, esta no es la primera base de datos que he
robado, aunque sí la última, por ahora.”
-“Sí, claro.”, dijo Alex, dejando escapar una suave risa.
-“Le noto un poco escéptico, agente. Usted, como encargado de la investigación del
robo en esa entidad bancaria, habrá visto los indicios que han delatado mi paso por el
sistema. ¿No le han llamado un poco la atención? Usted tiene experiencia en este tipo de
cosas ¿No ha notado nada extraño?”
Sí que había notado algo extraño, reconoció Alex. Los rastros que dejan los piratas
suelen ser bastante sutiles, sobre todo para atreverse a robar nada menos que en los
ordenadores centrales de un banco. Hay que ser muy cuidadoso, pero los rastros que
había dejado eran absurdamente obvios comparados con el nivel necesario para poder
acceder a ese nivel de seguridad. Parece que hubiera hecho saltar las alarmas
voluntariamente una vez perpetrado el robo.

-“No noté nada raro.” Alex optó por mentir. Fingir que no había entendido las pistas
que había dejado podría encolerizarle y hacerle cometer algún error. El punto más débil
de esta gente, como sabía muy bien, era el orgullo.
-“No me mienta, porque ese truco no le servirá conmigo. Conozco los casos en los
que ha trabajado, su experiencia, sé que es usted una persona muy inteligente, alguien
perfecto para servirme como profeta, agente Alex.”
Alex sintió de repente un nudo en la garganta. Todos intercambiaron miradas
atónitos. Levantó la mano para evitar que el silencio se rompiera.
-“Te equivocas, ese no es mi nombre.”, dijo Alex.
-“Como iba diciendo”, dijo Najash, ignorándole, “esta no es la primera base de
datos que robo. De hecho, llevo cometiendo actos similares desde hace 11 meses. Todas
bases de datos de importantes compañías, con datos sobre sus miles o millones de
clientes. He tenido que ser muy sigiloso para no poner sobre aviso a todas mis víctimas,
pero con ésta última me he permitido el lujo de dejar una tarjeta de visita.”
-“¿Once meses? Es imposible que hayas conseguido robar tal cantidad de
información en otros casos sin que se dieran cuenta. El flujo de salida tan grande haría
saltar cualquier sistema de seguridad.”
-“Comprendo su natural curiosidad, pero prefiero no entrar en detalles técnicos
ahora, quizá consigan descubrirlo por sí solos con el tiempo. Digamos que he usado
estrategias bastante novedosas, dado el éxito que he obtenido. Todas las bases de datos
que he recolectado contienen información sobre las vidas de varios cientos de millones
de personas, aproximadamente el 94% de la población de lo que se suele conocer, con
bastante hipocresía, como el Primer Mundo.
-“¿Y qué vas a hacer con semejante información? ¿Vas a obligar a todo el mundo a
cambiar sus tarjetas de crédito o algo así?” . Alex no creía una sola palabra de lo que
decía este hombre, sin embargo, estaba el robo del banco.
-“Voy a obligar a todo el mundo a cambiar su percepción de la realidad, Alex.”
-“Te repito que yo no me llamo así.”. Alex empezaba a creer que ese tipo estaba
loco, pero sin embargo sabía su nombre, lo cual era preocupante. Dudó entonces si
Javier habría apagado correctamente el micrófono cuando habló hace un momento.
Puede que sólo haya sido un pequeño error y este individuo lo aprovechaba para hacerse
el misterioso.
-“Déjelo, Alex. Sus bases de datos están en mi poder desde hace 4 meses. Siento
dejarles en ridículo de esa manera, pero es así. Espero que les consuele saber que he
visto multinacionales peor defendidas que vosotros.”
Todo el equipo se puso a parlotear nerviosamente, comentando lo imposible de la
situación. Alex mandó callar.
-“Pero dejemos de evadir el tema principal por el que estamos hablando, Alex.
¿Conoce los sistemas de deducción automática?”, dijo Najash.
-“Vagamente.”
-“Son una teoría de investigación matemática. Una inteligencia artificial que sea
capaz de razonar deductivamente. Sócrates es hombre. Todos los hombres son mortales,
luego Sócrates es mortal. Lo mismo, pero realizado por un programa de ordenador y
mucho más complejo, claro está.”
-“¿Qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?”
-“Piense, Alex. Tengo en mi poder un total de 846 terabytes de bases de datos.
Como sabe, las bases de datos se componen de tablas. Dichas tablas sirven básicamente
para establecer relaciones sencillas: números de tarjeta con lugares de compra, números
de pasaporte con reservas de hotel, direcciones con el nombre de la persona que vive
allí. Dicha información de manera aislada no produce mucho valor por sí sola.
Cruzando las tablas es cuando se obtienen resultados interesantes. Si una de ellas me
dice que tal número de tarjeta se utilizó para comprar gasolina en una estación a cierta
hora de cierto día, otra tabla me dice que dicha estación se encuentra en Toulouse, y otra
me dice que el Señor Smith es el dueño de esa tarjeta, podemos deducir que el Señor.
Smith se encontraba en Toulouse a ese día y a esa hora.”
-“Conozco cómo funcionan las bases de datos relacionales.”
Algo no cuadraba, pensó Alex. Najash no estaba utilizando el lenguaje propio de
los hackers, lleno de jerga y tecnicismos. Parecía que estaba dando una charla
divulgativa.
-“Pues lo que he hecho, Alex, ha sido aplicar un sistema de deducción automática a
las 67852 tablas que he obtenido durante todo este tiempo.”
-“¿Qué?”
-“Lo que ha oído. He cogido todas esas bonitos conjuntos de datos aparentemente
inofensivos y mediante deducciones lógicas y, debo admitirlo, también probabilísticas,
he llegado a ciertas conclusiones bastante productivas.”


CONTINUARÁ...

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