viernes, agosto 28, 2009

...automatas autoreplicables y la próxima reunión.

Pues espero que esta vez si podmaos empezar con todo lo que habíamos quedado de cambiar. O más bien, que este domingo todos lleguen con propuestas concretas acerca de las recetas y las lecturas que vayamos a realizar. La idea es que este domingo en casa del Perro de Pelea empecemos con la primera receta ( que habría que definir entre hoy y mañana), y nos pongamos ahora si bien de acuerdo de lo que vamos a hacer para las próxima reunión en cuanto a esos puntos.

Por lo minetras, les dejo un cuento que a mi me gustó muchísimo cuando estaba estudiando computación bioinspirada. Espero que les guste.



Los cangrejos caminan sobre la isla

Anatoli Dneprov


- ¡Eh! ¡Vayan con cuidado! - les gritó Cookling a los marineros. Estos estaban con el agua hasta la cintura, y después de haber metido por la borda de la barca un pequeño cajón de madera, intentaban arrastrarlo a lo largo de la borda.

Era el último cajón de los diez que había traído el ingeniero a la isla.

- ¡Vaya calor! Es un infierno - se lamentó Cookling secándose el rollizo y rojo cuello con un pañuelo de colores. Después se quitó la camisa empapada de sudor y la echó sobre la arena -. Desnúdese, Bad, aquí no hay ninguna civilización.

Yo miré melancólicamente la ligera goleta, que se mecía lentamente en las olas a unos dos kilómetros de la costa. Debería volver por nosotros al cabo de veinte días. - ¿Para qué demonios nos hemos metido con sus máquinas en este infierno solar? - le dije a Cookling cuando me quitaba la ropa -. Con este sol, mañana se podrá liar tabaco con su piel.

- No importa. El sol nos hace mucha falta. A propósito, mire, ahora es exactamente mediodía y lo tenemos verticalmente sobre la cabeza.

- En el ecuador siempre es así - mascullé sin apartar los ojos de la «Paloma» -, según lo describen todos los libros de geografía.

Se acercaron los marineros y se pararon en silencio ante el ingeniero. Este, pausadamente, metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un fajo de billetes.

- ¿Basta? - preguntó alargándoles unos cuantos

Uno de ellos asintió con la cabeza.

Link al cuento

2 comentarios:

  1. Jaja, muy buen cuento, aunque uno no sabe si reir o llorar con tanta metáfora tan verídica. Es una representación bastante acertada del comportamiento humano (tanto el del "creador" como el de los cangrejos) Sólo me gustaría saber ¿a qué creador nos vamos a comer nosotros?

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  2. Por cierto, la hora es igual a las 6 de la tarde, y ya saben que si no saben llegar, nos vemos aquí al cuarto para las 6 y nos vamos juntos. Saludos

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