martes, marzo 10, 2009

Ya es el cuarto del año :D

jajaja, saludos banda, pues les escribo requetecontento, por que hoy, gane un cuarto concurso con otro cuento ( he publicado aquí los 3 anteriores) y pues jaja estoy muy feliz :D y ps les quería informar (o presumir:P) jeje, bueno aquí se los dejo a ver si les gusta :D

NARRATIVA A PARTIR DE UNA FRASE


Amor y odio
Un sabio aseguró:
- Amor y odio son dos grandes potencias. En el amor hay una gran fuerza constructiva; en el odio, una gran fuerza destructiva. Pero hay una diferencia en su poder.Los asistentes se preguntaron qué diferencia podría ser aquella.- El amor es como el perfume; el odio es como el veneno. Los dos tienen gran fuerza, pero hay una diferencia en su poder dijo el sabio. ¿A qué diferencia se refería el sabio?- El amor es balsámico-prosiguió-, el odio es tóxico. Ambos son muy poderosos, pero hay una diferencia en su poder. Intrigados, los asistentes le pidieron que explicara a qué se refería…

Calle Ramiro. Cuentos de Amor y Amistad. Ediciones Jaguar.


A partir de esta frase desarrolla un cuento corto, mínimo una cuartilla máximo 5.

Nota: envía este archivo del cuento al correo comunicacion@dgacu.unam.mx e incluye tu nombre completo, plantel, semestre en curso, número de cuenta y teléfono particular. Si tienes dudas consulta las bases en la página principal de http://www.tucomunidad.unam.mx/ o envía un correo electrónico a la dirección antes mencionada.

Los dos duendecillos y yo
Pasaban ya de las doce, la noche brindaban un ambiente melancólico y la mayoría de los soldados se habían ido a dormir. Entré a mi tienda y trate de leer un poco, pero al poco rato me levanté y fui a mi escritorio para redactar en una carta, aquellos sucesos que aún no asimilaba, saqué mi pipa, la llene de tabaco, tomé un par de suspiros y aún perplejo comencé a escribir:
Aquí estamos mi general, aquí estoy tratando de asimilar los acontecimientos de hoy. Hemos ido con el anciano tal y cómo pidió, pero lo que ha pasado… no logro comprenderlo todavía.
En fin, trataré de explicarle los sucesos de la manera más “realista” que pueda mi querido general. Llegamos al medio día a aquella choza de milpa, sin problemas logramos conseguir que nos recibiera el sabio, cumplimos con sus peticiones fácilmente y hasta ahí, parecía ir todo normal. Después, siguiendo sus órdenes mi general, le pedimos al ochentón consejo para ganar nuestra Revolución pero lo único que nos dijo fue <> Tengo que ser sincero mi general, no terminamos de escuchar lo que el sabio nos decía, pensamos que nos intentaba tomar el pelo y que no era más que un viejo loco. Salimos de la casa de mala muerte colerizados y maldiciendo al abuelo, pero, justo al cruzar la puerta… (Fue ahí cuando me di cuenta de que el Don no estaba tan orate como creíamos… además mi general, le juro por la virgencita santa que no estaba borracho) aparecieron dos duendes en los hombros de mi compañeros, ¡sí mi general, dos duendes en cada uno de sus Comandantes! Dos pequeños duendes rojos y dos negros, los cuatro fumando pipas y sentados en los hombros de mis colegas. Ahora pienso que ese sabio más bien era un brujo o algo así, pues aparte de la aparición de esas criaturitas, me volví inmediatamente a la choza, pero al entrar, el anciano ya había desaparecido…
Los hombrecitos de colores no han dicho palabra alguna mi general, pero los negros… no se ven de fiar, en fin mi general, espero llegue pronto para que los vea con sus propios ojos, espero sus indicaciones, y sin más que decir, me despido.
Atentamente, su fiel Coronel
En cuanto terminé de redactar, tomé la vela de tremulosa flama y me fui a dormir. No supe más ese día.
Era la madrugada, algunos gritos y el sonido de unos cuantos balazos interrumpieron mi sueño. Un soldado, pálido como fantasma, entro en mi tienda presuroso, y con gritos ahogados me dijo << ¡Coronel, los Federales nos atacan!>> inmediatamente y sin pensarlo tomé mi fusil y me aventure al combate…
…la batalla terminó en una arrolladora derrota con una retirada totalmente desorganizada. Perdimos a la mitad de los hombres, y la mayoría de los sobrevivientes, se encontraban heridos. Instalamos un campamento a orillas de una laguna, y yo… inmediatamente me dirigí a escribirle nuestra nueva ubicación a mi general. Al terminar de redactar, decidí ir a tomar un café con los muchachos, me senté a orillas de la fogata y al otro extremo pude ver a mis colegas, Tiburcio y Félix, cada unos con su respectivo par de duendes.
A la mañana siguiente movilicé a lo que quedaba de la guerrilla, la dividí en 3 partes, la primera, se quedaría conmigo para esperar a mi querido general, la segunda se iría con Tiburcio y sus dos duendes pal’ Este, región de donde era natal él y su familia, además, el amor por su hermana “la tierra indígena” le facilitaría la tarea. Por otro lado Félix se dirigiría con sus duendes, hacía el Oeste, la región de las Haciendas, lugar dónde se nos unido después de haber quedado huérfano gracias a un capataz, no estaba seguro de ésta última decisión, pues dudaba que Félix pudiera controlar su odio hacia los hacendados…
Pasaron varias semanas, y mis dos compadres habían estado triunfando de manera colosal, pero mi general venía en camino y me vi forzado en mandarlos traer de vuelta hacia la lagunilla. A los pocos días, llego Tiburcio, y grande fue mi sorpresa al ver su pequeño duendecillo rojo muchísimo más grande y vivas de lo que recordaba, por otra parte el negro parecía seguir igual, aunque un poco más debilitado. Las noticias que me traía Tiburcio eran de lo mejor, había derrotado varias veces a los Federales, había adquirido una gran fuerza, y por ello pudo empezar a construir la revolución en el Este.
Pasaron un par de días, antes de que llegara Félix, al verlo bajar de su caballo no pude evitar brindarle un fraternal abrazo, pero al acercarme a él, recibí un segundo desconcierto al ver que también sus duendes habían cambiado, pero en ésta ocasión, el duendecillo negro, era el que se había fortalecido, dejando al rojo al borde de la extinción. Félix también traía crónicas, pero eran totalmente opuestas a las de Tiburcio. Aunque triunfo varías veces contra los Federales, y su fuerza se incremento, el se había dedicado a destruir las Haciendas y en saquear a los capataces para tomar ventaja. No me parecían las mejores decisiones, ni lo correcto, pero no pude reprocharle nada, había cumplido con su deber.
Esa misma noche, me senté junto a Tiburcio para cenar, y derrotado por la curiosidad, a los pocos minutos, le pregunte que si había podido descubrir algo sobre sus dos nuevos “compañeritos”, guardó silencio durante un instante, y después de aparentemente haber meditando mi pregunta, respondió: Son cómo dos conciencias al momento de tomar decisiones, cada uno te da una sugerencia, pero lo curioso es que ambas sugerencias siempre son certeras…
− ¡Oye eso es genial, es cómo tener dos consejeros a la mano!− lo interrumpi, él dudo por un momento, y continuo hablando: algo así, lo que pasa, es que al momento de darte consejos, cada uno te recuerda emociones y vivencias, es cómo si por medio de sentimientos trataran de persuadirte para tomar su sugerencia, uno te recuerda momentos de felicidad y amor, en cambio, el otro te menciona momentos trágicos, desgracias y odio. Te ponen en un gran dilema.
Pasó una luna llena antes de que llegara mi general, pero durante ese tiempo pude estudiar un poco más a aquellas pequeñas criaturas que habitaban en los hombros de mis compas. Eran seres peculiares, no comían, no dormían, y ni siquiera discutían entre ellos, lo único que hacían era fumar durante todo el día sus grandes pipas.
Nunca olvidaré ese atardecer, un joven jinete llego del horizonte con un mensaje de mi general, requería nuestro apoyo al otro lado del valle pues los Federales se dirigían rápidamente hacía él y no contaba con los hombres suficientes para salir de esa.
Rápidamente movilicé a los hombres, nuevamente nos dividiríamos en tres, Tiburcio, Félix y yo, ellos atacarían los flancos, y yo junto a mi general llegaríamos por el centro…
Ahí estábamos mi general y yo, el sol se empezaba a esconder entre los cerros, y los Federales llegaban, di la orden, y Tiburcio y Félix atacaron por los lados: ambos con la misma cantidad de hombres, ambos con una fuerza descomunal, pero ahora, cada uno, sólo tenía un duende. Tiburcio el rojo y Félix el negro.
El enfrentamiento de desarrollaba de manera reñida, los Federales no habían podido tomar ventaja, llevábamos más o menos una hora luchando, cuando de pronto mi fusil se atasco, me vi obligado a refugiarme tras un árbol sobre una pequeña colina para destrabar esa porquería. Fue hay, cuando vi a Tiburcio y Félix disparando, sentí un gran alivio de saber que mis compas seguían vivos, sin embargo, fueron sus duendes los que llamaron mi atención; ambos pequeños fumaban tranquilamente parados sobre los hombros de los Coroneles, sacando de sus pipas una gran nube de humo que invadía los rostros de Tiburcio y Félix.
…La batalla estaba por llegar a su fin, los Federales se empezaban a retirar y nuestras tropas los tenían acorralados. Mi general, reorganizaba a nuestros soldados para dar el ataque final, mientras tanto yo… yo entendía las palabras del viejo sabio, al ver cómo Félix caía muerto, pero no había muerto por un balazo, ni por un Federal, había muerto por que el duendecillo negro lo había envenenado con el humo de su pipa, en cambio, Tiburcio parecía respirar el dulce perfume de las flores por la primavera, aquel aroma parecía sanarlo, parecía darle una vitalidad inagotable.
Estaba sentado sobre mi caballo viendo el campo de batalla, habíamos ganado… mi general se poso a mi lado con su potro, fijó su mirada hacía el Este, y al poco rato vi el cuerpo de Félix, su mirada se tornó melancólica, me miro y con la serenidad que sólo el tiempo brinda al hombre, pronunció las palabras del sabio <<>> - El amor es balsámico-prosiguió-, el odio es tóxico. Ambos son muy poderosos, pero hay una diferencia en su poder…
Hubo un silencio mortal
−La diferencia en su poder es uno mismo, respondí…

1 comentario:

  1. Oye qué bien, que bueno que te dediques a hacer cosas productivas como esta =D hay que aprovechar el cerebro, jaja.

    Muchas felicidades Kyno

    ResponderEliminar