miércoles, febrero 18, 2009

Otro más


El carnaval del malecón
-…tengo hambre, le murmuro el pequeño a su hermana
- yo también, ven, busquemos algo de comer.
Ambos pequeños se levantaron del suelo, y con un paso cansado y desvariado salieron de aquel basurero que se encontraba en el callejón de su antigua casa. ¡Mira! todavía siguen las cortinas moradas que manchaste de pequeño, dijo la niña con un tono melancólico y cansado, el niño miro hacia la ventana que se encontraba a un par de pisos de altura, y de pronto unas lágrimas resbalaron por sus mejillas: extraño a mamá, reprocho al tiempo que seguía arrastrando los pies.
Al salir a la avenida principal encontraron el cementerio de un carnaval. Alucinados por los vivos colores que había en el suelo, empezaron a brincar de un lado a otro, corrían y corrían como si el hambre, el cansancio y la tristeza no existieran. Las tardes negras de su infancia fueron gratamente bañadas por un insntante, con colores de una fiesta muerta para los hombres comunes de esa pseudohumanidad. Por un momento parecieron revivir los melancólicos y alegres momentos que su amorosa madre algún día les brindo, ambos niños se miraban fijamente dándole de nuevo vida a la mujer de sus vidas, podían oírla gritarles que la cena estaba lista, olieron la exquisita comida que hacia años no probaban, pero lo que hizo perderse en el poético desierto de los recuerdos, fue su mirada: angelical, sublime, pero sobre todo, era una mirada amorosa, la cual casi quedaba borrada de sus memorias debido ha que ya habían pasado un par de años y nadie más les había vuelto a brindar aquel sentimiento dulce y magistral, ni nada cercano a éste.
Cayó el mediodía y un rugido hizo volver a la realidad al niño.
- ¡Mira hermana!, ¡mira!, ¡es el Dragón!
-¿Cómo sabes que es el Dragón?
-¡Por que atrás de el se ve la luz de mamá!
-¡Es cierto! ¡Rápido, necesitamos unas trompetas!
-¿Trompetas? ¿Para qué?
-Pues porque éramos los angelitos de mamá, y solo con las trompetas nos va escuchar. ¡Rápido antes de que se la lleve el Dragón!
Los pequeños tomaron dos gorros que estaban tirados en aquel mar de basura carnavalesca y corrieron con toda el alma, se impulsaron por el recuerdo de ese lindo sentimiento. Al poco tiempo de empezar su carrera, los niños empezaron a sentir el calor de los besos de su madre, y como embrujo, el sueño callo sobre sus espaldas.
-¡No¡ ¡no te dejes vencer, es el Dragón que no quiere que alcancemos a mami!, grito la niña.
-…mami
Una estrella cayó en el malecón y los niños al ver aquel suceso apresuraron el paso, cuando llegaron vieron un ángel danzando entre las piedras y las olas, una mujer vestida de blanco, cabello de mareas negras y sonrisa de nubes.
El ángel danzo durante varios minutos y conforme avanzaba su baile, una suave música emergió del mar.
Una rosa en el mar siguiendo la brisa salina, un mar danzando con la luna, un corazón latiendo al compás de un sentimiento. La danza de ese hermoso ángel causaba la sensación de estar en la cuna natal que todo niño y anciano extraña cada vez más conforme pasa el tiempo.
…Cayeron dormidos, y al despertar vieron que el atardecer los rociaba con su lluvia naranja.
-¡Hermana!, mami se aleja
-¿Dónde está?
-En aquella nube… la que está tocando al sol
-…es hermosa… ¡Rápido, toma tu trompeta!, ¡rápido, antes de que se valla! ¡Háblale!, ¡grítale, pero que no se vaya!
Los dos niños tomaron sus gorritos y empezaron a gritarle con el alma para tratar de traerla de nuevo. Las lágrimas cayeron durante un rato, pero justo en el momento que llegó el crepúsculo, su llanto se convirtió en gritos de alegría. La tristeza se volvió un inocente carnaval…

1 comentario:

  1. bien we, sigue, igual y en un futuro trabajemos en algun proyecto

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