jueves, octubre 02, 2008

...del porqué ir a la marcha, y el no olvido.

Hoy pregunté: ¿Por qué nos dirijimos a la marcha? ¿Sirve de algo realmente, o es una forma de satistacer nuestro egoísmo pensando que estamos haciendo algo que parece ser bueno, luchando contra aglo que parece ser malo?

Curioso lo que uno se puede encontrar entre los catedráticos de la UNAM.
Situación 1: Uno solo va a tomar clase, sin importar que sucede al rededor. Aun así, está el maestro que a mitad de la clase y aún a mitad de una frase, no se aguanta y empieza a hablar del movimiento del 68. "Preguntan los medios: ["Y esos chavos qué se clavan? Ni siquiera habían nacido..." ]". Evidentemente, lo que saben la mayoría de los chavos, es lo que les permiten saber, y con eso se conforman. Una ingenua opinión observa que no es lo mismo que con la independencia, que es la que si se enseña en la escela. "Claro, como si alguno de los limitados diestros hubiera nacido antes de la independencia, pero claro, no andan por ahí cuestionando a la gente que la celebra". Nadie le pregunta su opinión, pero él decide comunicarla. Su audiencia en silencio, y aquel de decide participar, tan solo pone en evidencia su ignorancia y falta de interés, y en el mejor de los casos, se conforma con sacar su información de los podridos medios. El profesor termina de decir lo que de su pecho tenia que sacar, y continua la clase. Los alumnos, como si nada.
Situación 2: Un participante-sobreviviente del movimiento estudiantil del 68, prosigue con su cotidianidad, hasta que 40 años más tarde observa que las cosas siguen "igual". Pero su colega y amigo le señala cuanto han cambiado las cosas. Hay mas libertades, más medios, más disposición. Pero alguien que maneja la estadistica como parte de su quehacer diario, no puede evitar fijarse que en terminos generales, todo se repite pero en diferente escala. La vida apesta, pero hay que seguir. Su reloj marca la hora en que debe dar clase. En el aula se observa el ausentismo que genera el punto medio del semestre. Se le ocurre lanzar una de aquellas preguntas capciosas, frente a las cuales cualquier respuesta es un error. Cuando se voltea hacia el pizarrón, se escucha una voz: "Lo que pasa es que hoy es dos de octubre, y dos de octubre no se olvida". Insulsas mentes limitadas por el sistema. Insulso sistema el que se mantiene a flote, como la misma mierda.
Situación 3: La curiosidad lo obliga a preguntar: "Maestro, que opina usted de la marcha de al rato?". Ja, a mi qué? No sé por que la gente no se da cuenta que aquello paso hace 40 años. Como si los participantes del 68 hubieran pensado por aquellos de 40 años atrás. Y dejenlo ir. Ya pasó.

Me confunde esto último. Palabras de una persona que a claras lueces es un letrado. Al salir de la facultad, miradas de absurdo se posan sobre la intención. Me dirijo a la marcha pensando: ¿Porqué vamos?¿Que buscamos?

El día transcurre sin incidentes. Muchas consignas, muchos gritos, mucho gusto. Un mar de gente.
Tres horas transcurren antes de pisar la plancha del Zócalo. Muy bien pero, y ahora qué? Nada pasa, nos retiramos. Caminando por las calles mas alejadas de la entrada del contingente a la plaza, se escucha el caos. Una patrulla pasa a toda velocidad obligandonos a subir a la banqueta. En la parte de atrás, un grupo disfrazado de civiles, aplica una contundente paliza a un individuo perdido en la profundidad de los golpes. Antes de asimilar lo que acaba de suceder, el desorden continua. Por un lado, gente corriendo hacia nosotros. Del otro lado, un escuadrón de granaderos se preparan para lo único que saben hacer. Atrás, lo que corrían en direccion nuestra, suben a golpes a una chica a un camión de la policía. Siete policías, una mujer. Somos pocos al rededor. Ahogadas protestas son arrojadas con enjundia hacia el camión, con la intención de destrosarlo, pero con la realidad se interpone y las disuelve. El chofer no se detiene a pensar, tan solo aprieta hasta el fondo el pedal, y si los peatones no quieren ser arrollados, que se quiten. Tan rapido como empieza, termina. La confusión se pelea con la indignación por ver cual de las dos de expresará en nuestros rostros. Una lágrima corre por la mejilla. Al final la impotencia se adueña de la situación y obliga el silencio. Treinta pasos y se escuchan los "woki-tokis". Despojandose de la pretención, una de cada cinco personas a nuestro al rededor corre hacia el zócalo, sin importarles mostrar su placa grabada en sus actitudes. Policía. Una vez más la impotencia toma el mando y nos conduce como borrego hacia el transporte colectivo. La noche cae. El acto termina en tristeza y confusión.

Los diarios publicarán mañana: "Acto masivo manchado por provocadores... porros realizan actos bandalicos, a mitad de un ejemplar ejercicio de las libertades del individuo. 2 de octubre no se olvida."

Qué fue lo que realmente pasó? Si después de 40 años no sabemos bien como estuvo la mayor y más impactante matanza de civiles en un acto de represión, sería ingenuo de mi parte pensar que algún día se sabrá lo de hoy.

Lo bueno? Mi pregunta recibió una respuesta. Hoy fuí parte de algo, algo que no se puede olvidar, porque no ha dejado de pasar. Y aquellos que pretendan que eso no es cierto, se engañan a sí mismos. Hoy sentí en carne propia aquello contra lo que lucho, y desde hoy, mi mundo es otro.

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